martes, 12 de agosto de 2008

Las vacaciones son oportunidad para reencontrarse:  con los demás, con uno mismo, con... Dios... Suena a tópico pero es cierto.  Cuando tienes la oportunidad de pararte, te das cuenta de 'dónde estás'...  y eso no siempre gusta, pues te ves más perdido que otra cosa...
Hoy he leído en la Biblia el libro de Ezequiel, y en el capítulo 2 y 3 comienza diciendo el mismo Dios por su boca:  "habla mis palabras".  Para quien acepte aquél libro como guía en la vida, en un momento en que uno se pregunta qué hacer, cómo aportar algo verdaderamente bueno en medio de tantas cosas malas, toda propuesta es escuchada.  Pero que 'Alguien' te diga:  "habla..." parece que no resuelve nada.  ¿Qué pueden hacer las palabras...?  Se ve más eficaz 'hacer algo', y cuanto más espectacular y ruidoso mejor.  Sin embargo, Aquél que lo hizo todo ha de saber más que uno mismo.  Y sé que las acciones nacen de los pensamientos, expresados en palabras...  Mientras vamos a las manos, El que sabe va al corazón... ¡Qué listo es!
Así que, aunque a veces me parezca inútil, retomo la llamada a enseñar que recibí de joven, y hacia los jóvenes.  También hoy, el libro de Mateo (capítulo 18) me recuerda el valor de esa misión, aunque 'no se vea'.  Hay otras llamadas más vistosas, pero la humilde tarea de compartir lo que se sabe puede mover montañas más altas y lejanas...  Aquél Jesús de Galilea pasó más tiempo enseñando que sanando, por algo será... 
Hoy me lo he creído, y con estas letras doy fe.
Un abrazo.
Juan Aº

1 comentario:

juanaino dijo...

Me ha gustado mucho lo que compartes.
Firmado: Dios.